Las consecuencias pueden variar dependiendo de varios factores. Pero lo más importante de entender es esto: no pagar no hace que la deuda desaparezca mágicamente.
En primera instancia, el despacho probablemente intensificará sus esfuerzos de contacto. Pueden aumentar la frecuencia de llamadas, correos, cartas y visitas. Por supuesto, siempre dentro de los límites legales establecidos por la CONDUSEF.
Ten en cuenta que, tras el primer día de atraso, tu historial en el Buró de Crédito o entidades similares ya tendrá una marca de atraso leve.
Luego de 90 días de no pagar, que es cuando usualmente intervienen los despachos de cobranza, tu historial crediticio se verá afectado de forma considerable.
Como la deuda seguirá reportándose a las Sociedades de Información Crediticia, se dificultará la obtención de créditos futuros. Según el tiempo de atraso, esto podría persistir durante semanas, meses o incluso años.
La mala calificación en el Buró también podría llevar a que solo puedas acceder a préstamos de corto plazo, por montos bajos o altas tasas de interés.
Si el despacho de cobranza no logra recuperar la deuda, es posible que el caso se transfiera a un despacho de abogados. Esto podría llevar a una demanda mercantil, un escenario más serio que puede dar como resultado un embargo.
La propia CONDUSEF indica que la mayoría de las deudas en México se resuelven antes de llegar a juicio. En 2025, solo el 5% de las deudas en cobranza llegaron a instancias judiciales. Esto sugiere que la negociación y el diálogo son opciones viables en la gran mayoría de los casos.
En definitiva, ignorar la deuda no es una solución. Si te encuentras en una situación difícil, es mejor buscar asesoría financiera y explorar opciones de negociación o reestructuración de la deuda para pagar según tus posibilidades.
No obstante, ten en cuenta que una quita o descuento también dejará una marca en tu historial, la cual podría ser peor que reestructurar tu deuda.