Anónimo
Experto financiero · Financera
En la economía de cada familia mexicana, el dinero mensualmente tiene un valor que va más allá de la cantidad numérica que vemos en nuestras cuentas. Este valor, llamado poder adquisitivo, está directamente relacionado con lo que podemos comprar con él.
Ya sean alimentos, servicios básicos, gastos educativos o de transporte y todos los demás bienes y servicios que forman parte de nuestra vida diaria, todo suele tener un costo que varía en el tiempo.
Aquí te explicamos más sobre el poder adquisitivo y cómo protegerlo a lo largo del tiempo.
El poder adquisitivo es, en palabras sencillas, la capacidad que tiene tu dinero para comprar bienes y servicios. Es como si midiéramos cuántas cosas podemos meter en nuestro carro del súper con los pesos que ganamos.
Cuando alguien dice “es que ya no me alcanza como antes”, está hablando precisamente de una disminución del poder adquisitivo y de cómo afecta sus finanzas personales. No es que tenga menos dinero, sino que ese mismo dinero ahora compra menos cosas.
En términos económicos más formales, el poder adquisitivo representa la relación entre los ingresos de una persona, familia o población y el costo de los bienes y servicios que necesitan o desean adquirir.
Se trata de un concepto fundamental para entender el bienestar económico real, más allá de las cifras de salario nominal.
Es un fenómeno multifactorial, afectado por numerosos elementos interconectados que tienen que ver con la economía nacional y global.
A continuación, las cifras más relevantes para conocer la realidad mexicana:
El panorama del poder adquisitivo en México revela importantes desafíos para millones de familias en el país. Conocer estos datos ayuda a diagnosticar la realidad mexicana y las posibilidades de mejora.
Pero hay que recordar que las estadísticas están sujetas a la interpretación y al lente con el que se les ve.
Por ejemplo, cifras de Gaceta UNAM revelan una pérdida del poder adquisitivo de un 80.08% en 30 años.
Mientras que antes se cubría la canasta básica con 4 horas y 53 minutos de trabajo, ahora se necesitan más de 24 horas para cubrir la misma canasta.
Sin embargo, la política de recuperación salarial iniciada en 2018 ha logrado que el salario mínimo supere por primera vez en décadas el costo de la canasta alimentaria, una señal positiva para el poder adquisitivo de los trabajadores que ganan menos.
Como ves, ha habido una dramática disminución del poder adquisitivo en México a lo largo de las décadas. Aunque con algunos puntos positivos recientes, el reto de mantener el equilibrio entre salarios y precios sigue siendo enorme.
Pero no ocurre solo aquí, sino en la mayoría de los lugares del mundo. Por eso es importante reconocer el valor de dinero y aprender a protegerlo adecuadamente.
Ahora que conoces la definición de poder adquisitivo, es posible que hayas notado que no es un concepto único, sino que se manifiesta de diferentes formas según el contexto en el que es utilizado.
Podríamos decir que a veces se usan sinónimos y se le agregan palabras o “apellidos” que ayudan a diferenciar el contexto en el que se utiliza.
Conocer estos tipos nos ayuda a entender mejor nuestra situación económica personal y la del país.
Para los mexicanos, entender su poder adquisitivo es crucial porque afecta directamente la calidad de vida y las posibilidades de ahorro e inversión.
No es lo mismo ganar 10,000 pesos en una ciudad como Mérida que en la Ciudad de México, donde el costo de vivienda puede ser significativamente mayor.
Además, las familias con ingresos más bajos dedican un mayor porcentaje de sus ingresos a necesidades básicas o gastos fijos, lo que las hace más vulnerables a cambios en los precios de estos productos.
Entender esta realidad te pondrá en alerta al momento de enterarte o analizar los siguientes factores:
Cuando los precios de bienes y servicios suben más rápido que nuestros ingresos, el resultado inevitable es una disminución del poder adquisitivo.
En México, hemos experimentado periodos donde la inflación ha superado significativamente los aumentos salariales, especialmente para los trabajadores de ingresos medios y bajos.
La inflación actúa como un impuesto invisible que erosiona silenciosamente la capacidad de compra. Un aumento de precios del 7% anual significa que necesitarías un incremento salarial de al menos ese porcentaje solo para mantener tu nivel de vida, no para mejorarlo. Pero son raras las veces en las que esto ocurre.
La pérdida de valor del peso mexicano frente a otras divisas, particularmente el dólar estadounidense, tiene un impacto directo sobre la capacidad de compra. Cuando el peso se devalúa, los productos importados se encarecen automáticamente.
Este encarecimiento no solo afecta a los bienes de consumo directo como artículos electrónicos o ropa, sino también a insumos utilizados en la producción nacional, por lo que eventualmente se traduce en precios más altos para productos locales. Esto es algo que sienten hasta las personas con el más alto poder adquisitivo.
La llamada crisis del tequila o crisis del peso mexicano de 1994-1995 es un perfecto ejemplo de esto.
Al hablar de las cifras de empleo, existe un fenómeno que se maquilla entre los números: la economía informal.
Las cifras más recientes del INEGI ponen en alerta a México debido a sus altos valores.
Entre la categoría de "otros" se incluye la minería, servicios inmobiliarios, servicios profesionales, científicos y técnicos, educación, actividades recreativas, culturales y deportivas, entre otros.
Considera que en la precarización laboral o precariedad también inciden otros factores, como la insuficiencia salarial, desprotección laboral (falta de beneficios como el IMSS o el ISSSTE) y las condiciones de trabajo vulnerables, como la insalubridad o falta de equipos de protección.
Si tu actividad económica o la de tu familia está aquí, significa que probablemente no gocen de un seguro, hipotecas o de un fondo para el retiro, lo que pone en riesgo su poder adquisitivo en el mediano y largo plazo.
Lamentablemente, se observa una transformación del mercado laboral hacia esquemas con menor estabilidad, menores prestaciones e ingresos estancados.
Los incrementos en impuestos, así como en tarifas de servicios públicos como electricidad, agua o transporte, reducen directamente la cantidad de dinero disponible para otros gastos, disminuyendo así el poder adquisitivo real.
Cabe recordar que en México hay muchos tipos de impuestos y cada vez se suman más a la lista, por lo que este es un problema creciente.
En teoría, los impuestos ayudan a sostener al Estado y sus programas sociales, pero lo irónico es que estos aumentos suelen tener un efecto regresivo, es decir, afectan proporcionalmente más a las familias de menores ingresos, las cuales se ven obligadas a destinar un mayor porcentaje de sus recursos a cubrir necesidades básicas.
En México, las reformas fiscales y los ajustes a tarifas públicas han sido factores recurrentes que han presionado el presupuesto familiar de millones de hogares.
Y como mencionamos, no solo se trata de impuestos, sino de otro tipo de tarifas. Por ejemplo, la TIIE o Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio sufre aumentos cuando es necesario proteger la macroeconomía, lo que termina afectando el valor de los préstamos.
Al ajustar esta tarifa, los bancos ajustan sus tasas de interés e incluso pueden volverse más estrictos con elementos como el Buró de Crédito o recortar el plazo de su financiamiento.
La concentración económica en pocos actores del mercado permite que estos establezcan precios por encima de lo que existiría en un mercado realmente competitivo.
En sectores estratégicos como telecomunicaciones, banca, energía o alimentos procesados, la falta de competencia efectiva resulta en precios más altos.
La disminución del poder adquisitivo, pobreza y desigualdad son fenómenos interconectados. Según estadísticas de Oxfam México, el 10% más rico de la población mexicana concentra más del 60% de la riqueza total del país.
Comprender estas causas es el primer paso para desarrollar estrategias que protejan y fortalezcan el poder adquisitivo de los mexicanos.
Si bien existen políticas públicas para afrontar esta problemática, el cuidado de las finanzas personales es esencial para salir adelante.
Proteger y fortalecer nuestro poder adquisitivo es una batalla constante que requiere estrategias específicas.
Independientemente de los factores externos, siempre se pueden tomar medidas para cuidar la propia billetera y así salir adelante en los tiempos de vacas flacas.
Aquí tienes acciones concretas que puedes implementar:
Como ves, la mayoría de las soluciones se enfocan en invertir y no en ahorrar. Esto se debe a que el dinero en el banco también pierde valor.
Incluso las mejores cuentas de ahorro suelen tener rendimiento por debajo de la inflación, por lo que no son una solución real.
La pérdida del poder adquisitivo es un fenómeno económico que afecta a todos los mexicanos, y eso es inevitable. El dinero simplemente pierde valor con el tiempo.
No obstante, su impacto varía según el nivel socioeconómico y las decisiones financieras personales.
Si esperas a perder poder adquisitivo, ya estarás actuando tarde y limitando el impacto de las soluciones que pondrás en práctica, así que el mejor momento para invertir es ahora.
Puedes empezar con instrumentos accesibles como CETES o UDIS, que se ajustan con la inflación y requieren montos mínimos para comenzar. A medida que ganes experiencia, puedes explorar más opciones de inversión que se adapten a tu perfil de riesgo.
Y recuerda que el poder adquisitivo no solo es un indicador económico abstracto, sino una realidad que afecta nuestra calidad de vida diariamente. Entender las causas de su deterioro y las estrategias para protegerlo nos permite tomar control de nuestras finanzas personales
La combinación de conocimiento financiero, disciplina y acciones estratégicas son la clave para navegar con éxito las fluctuaciones económicas que afectan el valor del dinero.
El poder adquisitivo es la capacidad económica que tienen las personas, empresas o países para adquirir bienes y servicios con una cantidad específica de dinero.
Representa el valor real del dinero expresado en términos de lo que se puede adquirir con el mismo.
En México, este concepto cobra especial relevancia debido a los niveles inflacionarios y la desigualdad. Su medición ayuda a entender el bienestar económico más allá de las cifras nominales de ingresos.
El poder adquisitivo de una persona es la cantidad de bienes y servicios que puede comprar con sus ingresos disponibles. Esto refleja la capacidad real de consumo después de impuestos y obligaciones financieras.
Según datos del INEGI, un trabajador mexicano promedio necesita destinar aproximadamente 34% de sus ingresos solo para alimentación, mientras que en países desarrollados esta cifra es menor al 15% según la OCDE. Este indicador varía según la ubicación geográfica, nivel educativo y sector laboral.
Los principales factores que afectan el poder adquisitivo son:
Cabe mencionar que las variaciones en precios de combustibles y alimentos impactan especialmente a las familias vulnerables.
La Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) es un método para comparar el poder adquisitivo entre diferentes países, ajustando las diferencias de precios y tipos de cambio.
Permite entender cuánto vale realmente una moneda en términos de lo que puede comprar localmente.
Por ejemplo, según este indicador, el PIB per cápita de México ajustado por PPA es mayor que su valor nominal en dólares, lo que significa que el dinero rinde más de lo que indica el tipo de cambio, debido al menor costo de producción local.
Sin embargo, debemos dejar claro que esta es solamente una teoría que apunta a un escenario ideal, no se trata de un estándar o nada similar.
La inflación reduce directamente el poder adquisitivo al aumentar el costo de bienes y servicios sin un correspondiente incremento en los ingresos.
Funciona como un impuesto invisible que erosiona el valor del dinero con el tiempo. Cuando México experimentó una inflación del 7.36% en 2021, los consumidores gastaban 7% más comprando exactamente lo mismo, debido a que sus ingresos no aumentaron proporcionalmente.
Pero la inflación es una referencia, pues algunas cosas aumentan menos y otras aumentan mucho más en términos porcentuales.
Todo ahorro no invertido, como ese dinero que guardas bajo el colchón, es particularmente vulnerable a este efecto, perdiendo valor en términos reales. Por eso, una mejor solución es invertir, ya que genera rendimientos.
La capacidad de compra es el sinónimo más común de este concepto. Otros términos relacionados incluyen:
El poder adquisitivo se mide principalmente comparando los ingresos con el costo de vida.
Para esto se utilizan indicadores como el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que evalúa la variación de precios de una canasta básica de productos y servicios. También se toma como referencia el salario real, el cual ajusta los ingresos nominales según la inflación.
Por otro lado, la Paridad de Poder Adquisitivo permite hacer comparaciones entre países.
Entre los factores determinantes se incluyen los siguientes elementos:
No tener poder adquisitivo significa que tus ingresos son insuficientes para cubrir tus necesidades básicas de bienes y servicios. En la práctica, implica que tu dinero no alcanza para comprar lo que necesitas para vivir de manera digna.
En México, esto se refleja en la pobreza laboral: cerca del 35% de la población percibe ingresos menores al valor de la canasta alimentaria básica. Una persona en zona urbana necesita alrededor de $4,843 pesos mensuales solo para alimentación, y muchos trabajadores no alcanzan esta cifra.
La pérdida de poder adquisitivo no siempre significa ganar menos dinero. También ocurre cuando los precios suben más rápido que los salarios, haciendo que el mismo ingreso compre cada vez menos.
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